Primeras vacaciones solos: cómo llenar el nido vacío

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Los chicos crecen y se independizan. De qué manera una pareja de años puede volver a disfrutar la vida de a dos, como al principio. Por qué la ausencia de los hijos afecta más a las mujeres.

Si bien los tiempos cambiaron y la pareja ya no suele ser lo que era, en términos de roles predeterminados –especialmente el de la mujer, que ya no dedica su vida exclusivamente a la crianza de los hijos y al cuidado de la casa–, hay un momento en el que la crisis, individual y matrimonial, puede acentuarse: cuando los chicos se emancipan y la familia empieza a funcionar de otra manera. El llamado “síndrome del nido vacío” refiere precisamente a esta situación. Se trata de un trastorno que fue definido por primera vez de este modo en los años 70 por la psicoterapeuta neoyorquina Rose Oliver, quien también se refiere al mismo como la “reestructuración de una relación”, específicamente la de la madre con sus hijos cuando deja de cumplir con su rol maternal de crianza.

Esta mujer, que la época ya convirtió en buena medida en una persona que está muy lejos de justificar su existencia a través de la maternidad y de la administración del “hogar”, carga sobre sus hombros, sin embargo, con ese papel atávico del que no es tan sencillo desprenderse. Por su parte, el hombre (se toma como parámetro el de una pareja heterosexual pero es aplicable a otras formas de la pareja y de la familia en la medida que haya descendencia), que también empieza a despojarse del corsé tradicional de mero proveedor, con poca participación en la crianza de los hijos y en las tareas domésticas, lo vive a su manera, aunque no parece constituir un trastorno tan difundido por el momento como en las mujeres.

¿Y cómo repercute en la pareja? De diversa manera. Algunos padres sienten tristeza, otros se alegran por el crecimiento de los hijos y por la independencia que significa también para los padres, que se liberan de algunas responsabilidades materiales. Para algunos autores, hay un reforzamiento de la pareja en la edad adulta, por la libertad que les da la partida de los hijos, cierta renovación de la sexualidad y la posibilidad de hacer planes que no involucran la presencia de los chicos. Otros especialistas ven a esta etapa de la pareja como la oportunidad para una mayor intimidad y para retomar placeres que habían quedado a un lado con la llegada de los hijos: actividades deportivas o recreativas, expresiones artísticas, viajes e incluso el inicio de alguna carrera que operaba como asignatura pendiente en sus vidas.

Según explica el psicólogo Manuel Sotillo, la partida de los hijos es el momento de mayor vulnerabilidad en la pareja, porque genera mucha fragilidad en las mujeres que construyeron su proyecto de vida sobre la base de la familia. Y se pregunta: “Qué significa eso del síndrome del nido vacío? Yo lo entiendo como una desadaptación, un mal afrontamiento de una situación social actual, y que puede etiquetarse como un trastorno afectivo enmascarado, de características depresivas donde reinan los sentimientos de tristeza y de pérdida. Las mujeres que lo padecen muchas veces no son conscientes de lo que les pasa, sino que acuden a la consulta del médico por dolencias físicas, aunque suelen delatarse con expresiones como: ‘la casa está vacía’, ‘me falta algo’, ‘hay un silencio deshabitual’, etc. El ser consciente de la situación es ya un paso hacia la adopción de medidas correctoras que supongan el afrontamiento de la situación”.

A esto se suma el desgaste que puede haber tenido la relación después de décadas o la presencia de crisis preexistentes, quizá silenciadas o amortiguadas por “el bien de la familia”. Así, la independencia de los hijos deja a la pareja de algún modo desnuda, y no estamos hablando de los cuerpos. Pero mientras las ocupaciones sigan como es habitual, y los tiempos compartidos se reduzcan a algunas horas al día y a los fines de semana, la crisis ocasionada por el nido vacío puede ser manejable. La cosa se pone difícil en el período de vacaciones, cuando la relación funciona a tiempo completo y son solo dos, como al principio, pero quizá con más deudas emocionales y menos planes a futuro.

Qué hacer (vale para cualquier época del año)
Para llenar ese vacío, la psicoterapeuta Dolores Vázquez elaboró las siguientes 20 claves:

1. Aceptar la vida como una sucesión dinámica de etapas. Lo único constante en la vida es el cambio. También en tu día dejaste el hogar para iniciar una etapa en solitario.

2. Analizar la situación y los sentimientos. A menudo la edad a la que se marchan tus hijos de casa suele coincidir con una época de cambios muy difíciles ya que, bien sea por la menopausia o por la jubilación, se produce una bajada de hormonas o un aumento del tiempo libre que se combina con el síndrome del nido vacío en forma de pena, tristeza, fatiga o incapacidad para concentrarse.

3. Reconocer la pena. Es normal que los eches de menos y que eso te produzca dolor, es necesario asumir que tus hijos se han hecho mayores. Esta pena no debe convertirse en permanente. Estos sentimientos pueden desencadenar en una depresión o en una pérdida del sentido de la vida. Si es así, recurrir a la ayuda de un psicólogo o un terapeuta.

4. Alegrarse por los hijos. Es necesario que tus hijos vean que los apoyas en sus nuevos proyectos y que pueden recurrir a vos si lo necesitan.

5. Dejarlos tomar sus propias decisiones. Si ves a alguno de tus hijos abatido al principio, es normal; él también debe acostumbrarse a estar solo y a adaptarse a su nueva vida. Trata de no alegrarte de sus problemas a pesar de tu natural deseo de que vuelva a casa y evita siempre decirle la típica frase “Ya te lo advertí”.

6. Mantener la comunicación con tus hijos. No te obsesiones con saber qué están haciendo a cada momento ni te imagines que les ha pasado algo malo si no sabes algo de ellos en todo el día. Debes aceptar que, aunque no hables con ellos tan a menudo como te gustaría, no significa que hayas dejado de importarles, solo que la relación se desarrollará de una manera distinta.

7. “Cambiar el chip” con respecto a ellos. Debes tratar de mantener una relación adulta ahora que se han independizado, no los sermonees ni los trates como si todavía fueran niños.

8. No crear un santuario en la habitación de tus hijos. Tampoco es bueno que intentes borrar cualquier rastro de ellos como si jamás hubieran vivido en tu casa.

9. No invadir su espacio. Es necesario que tu hijo sea responsable de su nuevo hogar.

10. Dedicar tiempo a uno mismo. No debes abandonarte ni descuidar tu alimentación ahora que tus hijos ya no están.

11. Retomar actividades. Seguro que ahora tendrás más tiempo y las podrás disfrutar incluso más que en su momento.

12. Desarrollar nuevas aficiones y realizar actividades físicas. Esto hará que mantengas la mente ocupada y evitará los estados de ánimo bajos. Además, una cierta actividad física es muy saludable y te permitirá combatir el insomnio que pudiera aparecer a raíz de la nueva situación familiar.

13. Estudiar algo que te guste o aprender un idioma. Cada vez se está haciendo más habitual volver a las aulas tras la jubilación. ¿Por qué no?

14. Anotarse en una actividad creativa. Cursos de pintura, manualidades, bailes de salón, talleres de cocina, costura, etc. Estas actividades son también muy recomendables ya que reducen el estrés y te permitirán conocer gente así como trabajar tu capacidad de concentración.

15. Hablar sobre tus sentimientos con tu pareja. Debe comprender lo que estás pasando. Además, quizá también ella esté padeciendo en alguna medida el síndrome del nido vacío, aunque no lo haya exteriorizado.

16. Reforzar la relación de pareja. Ahora que los hijos no monopolizan la conversación, surgirán nuevos temas de interés para ambos.

17. Procurar salir con amigos. Seguro que muchos de ellos están en tu misma situación o incluso alguno de tus amigos o amigas ya haya superado el síndrome del nido vacío y te pueda ayudar el poder compartir confidencias o sensaciones.

18. Sentirse útil. Es una necesidad propia del ser humano. Está demostrado científicamente que cuando no es así las defensas bajan y podemos enfermar con más facilidad.

19. Regalarse una mascota. Te ayudará a no ver la casa tan vacía y silenciosa. Cuidarla y sentir su cariño te reportarán numerosos beneficios para tu salud.

20. Cuidar de tus plantas o cultivar tu propio huerto. Es otra variante del punto anterior. La belleza de las plantas y las flores produce efectos beneficiosos para el ser humano, ya que relajan, animan y reducen el estrés. Mantener una planta sana supone una responsabilidad y, sobre todo, mucha constancia.

FUENTE: REVISTA CABAL

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